En el Camino hacia la Cumbre

Posted By on jun 4, 2013


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En el Camino hacia la Cumbre

1.- El despertar

Ser Humano aparece en el valle, rodeado de inmensas cumbres.

El sol acaba de dejarse ver entre las grandiosas crestas.

Todo se llena de luz.

Desorientado, comienza a mirar hacia el cielo. La majestuosidad de las cimas le produce el primer vértigo.

Se siente solo, diminuto. No sabe de donde viene ni a donde ir. Se siente débil.

Se sienta en una pequeña roca. Parece cansado. Su cabeza se empieza a llenar de preguntas sin respuesta.

Ha bajado la vista y ve por primera vez el suelo. Se acerca con la mirada aún más hacia su centro y descubre su cuerpo.

Más preguntas empiezan a recorrer su mente. Más confusión. No entiende, no sabe, no conoce.

Sentado, pasa unos minutos en la confusión y cambia su foco de atención.

Se percata de su cuerpo. Antes le pasó desapercibido. Ahora se pregunta: ¿Qué es? ¿Qué hace ahí? ¿Para qué está?

Está inmóvil, relajado. Va tomando conciencia de sí mismo.

De repente, se produce una reacción instintiva, eléctrica.

Ser Humano se sobresalta. ¿Qué pasa? ¿Qué es esto? Su cuerpo da un respingo y su posición cambia. Recupera la posición inicial. En pie. Alineado. Durante unos instantes, su cuerpo se tensa; sus párpados se separan; su oído se alerta; su nariz empieza a recibir olores nuevos, desconocidos; su boca se inunda de saliva. Su cabeza se empieza a llenar de preguntas sin respuesta.

Pasan unos momentos y no pasa nada. Todo vuelve a la calma. No obstante, algo ha sucedido. Algo ha cambiado.

Entonces, su atención regresa a su cuerpo. Lo percibe de manera distinta. Parece haber tomado vida. Lo siente. Lo conoce. Lo reconoce como parte de sí.

Ser Humano presiente algo interno que le altera ligeramente. Una necesidad repentina que se instala en todo su ser. Intuitivamente la descifra: Quiere conocer más.

Se siente atraído por lo que está contemplando. A la sensación de la forma, se empiezan a incorporar otras nuevas. Todas han sido atraídas.

Como inmerso en un torbellino, se siente arrastrado sin control.

Comienza a sentir el contacto con la Tierra. La brisa que acaricia su piel. El sol que le calienta. Las conexiones de toda su estructura. El peso que soporta, la fuerza que responde. Los flujos internos.

Esta percepción le hace mover ligeramente sus pies y entonces, su oído capta el casi imperceptible ruido que producen la conexión dinámica del pie y la Tierra. Busca, intenta más. Algo percibe, algo siente. Algo cambia. Algo se integra.

El resto le resulta fácil. Pies, piernas, tronco, brazos, manos, cabeza. Las partes van tomando conciencia, se van integrando y de repente, la sensación se amplia. Todo siente. El Ser aparece.

Una Fuerza desconocida le da un inmenso vigor. Las sensaciones son claras e intensas. La Fuerza le obliga a moverse. Ser Humano se siente Uno con todo lo que le rodea. Se siente uno con Todo lo que le ha dado su ser.

Sus sentidos no dan abasto. Todo es nuevo. Todo es distinto. Todo le rodea. Todo está con él. Ser Humano se siente parte de sí y de Todo.

Cuanto más conoce, cuanto más siente, más desea, más quiere conocer. No es suficiente. Hay tanto.

Se siente lleno y a la vez vacío.

De repente, una nueva sensación aparece: miedo.

La liviana sensación de control que sintió, se ha desvanecido.

Ser Humano queda inmóvil. Todo se detiene. Todo parece volver al inicio.

Todas sus sensaciones han desaparecido. La conexión no está.

Poco a poco, algo empieza a cambiar, algo se mueve. Desde Todo le llega un hálito que le devuelve la confianza.

Ser Humano vuelve a tomar conciencia de sí mismo y de Todo. Ahora con mayor vigor, con mayor conocimiento, con mayor sentido.

Cree que siente, cree que sabe, cree que conoce y que puede controlar.

Se siente de nuevo fuerte. Dirige sus pasos. Dirige su Ser.

La sensación se reafirma. Ser Humano se afianza.

Mientras todo esto sucedía, nada se detuvo, Todo continuó, Todo fluyó.

El sol, tras recorrer todas y cada una de las cimas, empieza a esconderse. Sí, ¡allí!, tras la más alta.

Los ojos de Ser Humano le acompañan en su declinar.

Una sensación extraña se le apodera. Alcanza su máxima expresión cuando el sol desaparece. Ha sentido no sabe qué.

Tras esa sensación casi repentina, otra le recorre todo su Ser. Más fuerte, más profunda, más real, más Ser.

Todo parece ocuparlo todo. Todo parece estar más que nunca con él. Todo le habita, le integra, se instala en él.

Ser Humano es valle, es montaña. Es Todo.

José María García-Aranda Encinar

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